Los mutantes de la izquierda mocha

POR: ALVARO ARAGÓN

En temporada electoral, brotan como especies de hongos todo terreno. Unas tienen peculiar característica: Como las hienas, todavía traen arrastrando cadáveres políticos en estado de putrefacción. Su “versatilidad” les permite mudarse a aves rapaces: Planean sobre nueva presa fresca y, si no hay alerta, se lanzan ávidas a saciarse con el lomo y la pulpa de la víctima, hasta no dejarle hueso sano.

No tienen, esos avarientos especímenes, ni siquiera la calidad de Caballos de Troya. Creen no requerir de artificios para tomar plazas que consideran indefensas. A ráis pelón -sin armazones ni embozo- asumen el artero  ataque no siempre voluntario; es posible que detrás de ellos estén avezados matreros que manipulan y dirigen sus instintos.

Durante años, décadas, hemos visto en los montes y los llanos sinaloenses esos, literalmente,  animales políticos que no se dan reposo según se anuncie cada nueva temporada de patos: Ayer, esos “patos” fueron tricolores, al cambio de estación, azules y, en el crepúsculo, amarillos. Aquí asumen la calidad del camaleón para tratar de perderse entre las rocas partidistas.

Pongamos marcas a las vocaciones de asalto de esa fauna de acompañamiento sinaloense: PRI, en sus días de gloria; PAN, cuando creía ver amaneceres luminosos; PRD, encandilado cuando el Sol azteca pretendía marcar las horas del día.

Pretendieron, esos insaciables predadores, hacer tasajo del Partido Sinaloense (PAS). Les resultó el tiro por la culata. Ahora van sobre el Partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), de por sí en Sinaloa parido por cesárea.

La coartada propiciatoria: Dizque izquierdistas, ayer se encaramaron en el tren de la coalición Por el bien de todos; ahora pretenden treparse al vuelo del Acuerdo Político Nacional Para la prosperidad del Pueblo. Nadie los ha llamado pero ya se hicieron presentes y se dicen “indispensables”.

Qué cosas: “El bien de todos” no llegó a todos, ni a poquitos; pero esos infatigables devoradores saciaron su tripa de mal año. Ahora van por la “prosperidad” de todos tan demandada.

Algunos de los domadores y domesticadores de esos chacales solitarios tienen certificado de origen. Son estrategas políticos: Por orden de antigüedad, Juan Sigfrido Millán Lizárraga, Jesús Aguilar Padilla, Mario López Valdez y uno nuevo, que goza de accidentada asesoría en estos menesteres: Quirino Ordaz Coppel..

Disponen de algunos halcones, según les llaman ahora a los que echan agua sobre potenciales enemigos. En esta categoría entran ilustres empresarios sinaloenses que buscan oportunidad de seguirlos haciendo negocios al amparo del poder político, porque el dinero no tienen olor, pero sí mucho sabor.

A esos mutantes cruzados por la democracia se les vio merodeando al acecho el pasado domingo en los parajes del Monumento a la Revolución en la Ciudad de México.

Pusieron sus credenciales de elector, sus nombres y sus firmas después de hacer cola en la larga fila de los abajofirmantes del Acuerdo Político Nacional y se tomaron selfis cerca de su nuevo guía: Andrés Manuel López Obrador. Ya dicen que lo idolatran.

Hasta antes de que el tabasqueño mandara al diablo al PRD, esos nuevos conversos lo satanizaron por sus irrefrenable vocación de caudillo. Para entonces, ya habían echado del PRD a su fundador y “líder moral”, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

¿Cuánto hace que Rubén Ochoa Moya, Teresa Guerra Ochoa e Imelda Castro Castro retozaban alegres con la manada de Chuchos -Jesús Ortega Martínez, Jesús Zambrano Grijalva, Graco Ramírez y Carlos Navarrete Ruiz, etcétera- en su brega contra El Peje, brindándole palio a Enrique Peña Nieto?

Esos sinaloenses  firmantes de la convocatoria de Morena midieron la distancia entre el Monumento de la Revolución y el hotel de cinco estrellas donde tuvo lugar el aquelarre del Consejo Político Nacional amarillo.

Ahí el Chucho Ortega  dictó fulminante sentencia: No sólo los que ya se fueron con López, sino los que aquí permanecen agazapados deben ser fumigados, pero ya, le secundó la patética Alejandra Barrales, al pedirles que “se den prisa” en su nueva aventura partidista.

“De la que nos salvamos”, acaso hayan pensado los plurinominales y multicolores Rubén, Teresa e Imelda y sus chalanes, con toda y sus fallas electorales, que ahora estrenan nueva chaqueta. A ver si resisten el galope de López Obrador que exige sudar la camiseta en tierra agreste, donde no sobreviven ni  las lagartijas.

Una cosa parece clara: El tabasqueño, dador de todos los favores de Morena, no promete candidaturas a arribistas y trepadores: Tienen que pasar por la catarsis ahí donde los que ahora se dicen “cristianos” tiene que persignarse en tierra de herejes.

En los entornos del gran encuentro moreno anduvo el paisano Manuel Barrantes, fundador de Morena sinaloense. Sólo comentó su desconcierto por la tolerancia de López Obrador hacia ciertos jóvenes quistes y fósiles “intelectuales” que andan metiendo ruido en la aún inestable estructura de los regeneradores nacionales y estatales que no logran ni disciplina ni coherencia, menos lealtad en sus filas.

Rubén Rocha es pues uno de los nuevos morenistas que no quiere dejar de mamar la teta presupuestaria estatal ni sus amistades y patrones: el ex gobernador del PRI, Jesús Aguilar Padilla, y el mandatario tricolor Quirino Ordaz Coppel.

Imelda Castro es otra morenista. Todo sea para que se olvide su vocación “pluri” y el estigma por haber simpatizado alguna vez con la candidatura al gobierno de sinaloa del panista Heriberto Félix Guerra y por haber sido directora de Agroindustrias del defenestrado Mario López Valdez, arropado en el pasado por el PAN-PRD, pero de vocación priista.

Teresa Guerra Ochoa se va a morena, sin afiliarse, en busca de nuevos horizontes “democráticos”, nada más para hacer ruido y meter calambres.

Nadie los convocó. No fueron llamados por Andrés Manuel López Obrador porque su desgaste y camaleonismo son un lastre; no son figuras ganadoras y carecen de capital y estructura política-territorial, clave en todo proceso electoral. Nadie convocó en Morena a Rubén, Imelda y Tere, nadie, pero quienes siempre le hacen el caldo gordo a la “izquierda mocha” pregonan que desayunan, comen y cenan con Obrador.

No hay nada para ellos. El reporte más fidedigno es que los tres forman parte de la estrategia de contaminación de Morena en Sinaloa.

Es temporada electoral y es obvio que broten como hongos especies todo terreno: los mutantes están listos para la nueva brega electoral, sobretodo para intentar descarrilar proyectos y ganar perdiendo. Es su estilo. No llenan ni un bocho, su capital político se agotó tiempo atrás, pero se publicitan como la mejor opción de Andrés Manuel López Obrador en Sinaloa.

No son pocos entonces quienes ya bautizaron a los tres sinaloenses como “los infiltrados” en Morena…