Irán y Suiza: una relación especial
¿La forma de lograrlo? Suiza debería reconocer a la República Islámica como ilegítima y organizar una conferencia internacional sobre Irán. «Así, Suiza aseguraría un acceso privilegiado al mercado iraní».
La cosecha suiza no llegó
El mercado iraní ofrecía un gran potencial: 90 millones de personas bien formadas, las segundas mayores reservas de gas del mundo y unas arcas estatales llenas de ingresos petroleros.
Cuando Suiza, tras 1979, comenzó a negociar acuerdo tras acuerdo con los mulás en Teherán, siempre estuvo presente la esperanza de que algún día los negocios prosperarían.
Pero la cosecha no llegó, por culpa de las sanciones.

Las sanciones llegaron primero en 1995 por parte de Estados Unidos, en 2006 por la ONU y más tarde también por la Unión Europea. Philippe Welti, exembajador de Suiza en Teherán, califica la cascada de sanciones como «el hecho fundamental» en la historia de relaciones entre ambos países. Welti es presidente de la Cámara de Comercio Suiza-Irán.
¿Cuál era el origen de la relación tan estrecha de la pequeña y amante de la libertad Suiza con un régimen que defiende valores tan distintos a los suyos, como la libertad, la democracia y la igualdad?
Régimen iraní
Irán busca fabricar armas nucleares y destruir a Israel. Además, ha intervenido en Irak, Líbano y Yemen, y alimentó la matanza del dictador Bashar al Asad en Siria, que según la ONU causó 500.000 muertos.
También suministró drones a Rusia y respaldó a Hamás, que perpetró la masacre contra Israel el 7 de octubre de 2023, con 1.182 víctimas mortales —la misma Hamás que, desde 2025, Suiza considera una organización terrorista.
Nueva violencia, nuevas sanciones
Recientemente, Irán ha reprimido cada vez más brutalmente a su propia población civil. En 2022 respondió a protestas masivas con más de 500 muertes y más de 25.000 detenciones. Las personas arrestadss sufrieron torturas, violencia sexual y arbitrariedades. En enero de 2026, el régimen aplastó una nueva oleada de levantamientos. Una red iraní de médicos calculó que esta vez hubo más de 30.000 muertos. Aún persisten dudas sobre la cifra, entre otras cosas porque el régimen controla estrictamente el acceso a Internet.
El gobierno suizo expresó en un comunicado «preocupación» y convocó al embajador iraní. En comparación con otros países, como Canadá, Suiza volvió a destacarse por su prudencia y moderación.
La relación de Suiza con Irán siempre se movió por dos vías: por un lado, el comercio; por otro, tareas diplomáticas especiales y la prudencia correspondiente. El comercio era siempre el objetivo, la diplomacia, el medio. Pero solo la combinación de ambas permitió a Suiza forjar un vínculo cada vez más estrecho con Teherán.
Cuanto más se aislaba internacionalmente el régimen, más importante se volvía Suiza. No solo para Teherán, sino también para Occidente: mientras este se distanciaba, Suiza mantenía la posición, construía puentes y actuaba como mensajera. Ese papel especial justificaba la cercanía con un régimen aislado internacionalmente, sin que ello provocara de inmediato el rechazo del resto del mundo.
Dogma del cambio a través del comercio
Incluso internamente, el papel especial de Suiza servía como justificación. Al igual que con China o Rusia, durante décadas siguió en Irán el dogma del «cambio a través del comercio»: primero hay que entrar para poder abordar los derechos humanos. Así lo argumentaba el Ministerio de Asuntos Exteriores suizo cuando surgían críticas en el país.
En 1979, Suiza recibió su primer mandato de potencia protectora, asumiendo la representación de los intereses iraníes en Egipto.


En 1980 se sumaron los Estados Unidos. Es el «tesoro» de los mandatos de potencia protectora suizos, según se dice en círculos diplomáticos. En 2017 se sumó Arabia Saudí con un doble mandato (hasta 2023) y en 2019 Canadá. Así, Suiza debe al Irán varios de sus mandatos de potencia protectora; hoy en día son un total de siete.
Estos mandatos restantes son importantes; durante la Segunda Guerra Mundial llegaron a ser 200. «Suiza tiene un gran interés en no perder estos mandatos», señaló Philippe Welti en 2022, en el contexto de las protestas de entonces.
Sin embargo, los políticos suizos expertos en Asuntos Exteriores argumentan hoy que, al menos con la guerra actual, el mandato de protección en Teherán se ha vuelto innecesario. «Este mandato fue la principal causa de la prudencia de Suiza frente al brutal régimen de los mulás», afirma la senadora del Partido Socialista Franziska Roth.
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Debate en Suiza por su papel como potencia protectora en Irán
Beneficios de una amistad
Gracias a su neutralidad, Suiza ha estado disponible durante 150 años como mensajera de aquellos países que, debido a conflictos, habían roto relaciones diplomáticas con otros Estados. «No hay ningún país con más experiencia en este asunto», afirma Welti, quien durante su etapa como embajador en Teherán supervisó el mandato de Estados Unidos.
¿Qué gana Suiza con eso? Los mandatos de potencia protectora otorgan al pequeño país acceso privilegiado a los actores de la historia mundial y peso en el ámbito internacional.
Irán también se beneficia. La amistad con este pequeño Estado respetado sirvió para normalizar la imagen de los mulás a nivel internacional y, además, se mostraba con orgullo.
Suiza también ayudó activamente a Irán a integrarse en la comunidad internacional. Así, aún hoy promueve a petición de Irán su acceso a la Organización Mundial del Comercio (OMC). Durante años, el país rico en recursos naturales buscó desesperadamente conectarse con la economía global. Su moneda se ha desplomado: 1 dólar equivale a 42 millones de riales, y la inflación alcanza el 50%. «Económicamente, Irán es un zombie», analiza la televisión pública suiza SRF.
El patrocinio suizo en materia de OMC queda reflejado en una «hoja de ruta para profundizar las relaciones» de 2016. El documento incluye 13 apartados que abarcan desde política y economía hasta seguridad nuclear, medio ambiente, agricultura y derecho.

El apartado 10 de la hoja de ruta trata sobre los derechos humanos, aunque de manera bastante vaga. Solo establece que ambas partes tienen la intención de retomar un diálogo sobre cuestiones relevantes en este ámbito, y que primero los funcionarios deben definir cómo se llevará a cabo dicho diálogo.
Se sabe que Suiza ha planteado de forma regular la postura de Irán sobre la pena de muerte, especialmente cuando afecta a jóvenes. De hecho, Irán ejecuta cada año a cientos de personas, la mayoría por ahorcamiento, incluyendo a menores. En 2025, según Human Rights Watch, el número de ejecuciones aumentó drásticamente, llegando a 2.167 muertes llevadas a cabo por el Estado.
Ya en 2018, el presidente estadounidense Donald Trump endureció su postura frente a Teherán. Quería doblegar al régimen de los mulás y amenazó a todos los socios comerciales de Irán: o comerciaban con Irán, o con Estados Unidos. Ese fue su mensaje de entonces.
La medida resultó incluso más dura que las sanciones, también para las instituciones suizas: ningún banco suizo se atrevió después a manejar siquiera un franco procedente de Irán, y la mayoría de las empresas suizas no podían arriesgarse a enfrentarse a Estados Unidos.
Como respuesta, Suiza creó, amparándose en su tradición humanitaria, un «Acuerdo Suizo de Comercio Humanitario». Este permite, desde 2020, comerciar en sectores limitados como medicinas y alimentos, con la aprobación de Estados Unidos. En él participan empresas como Nestlé, Novartis, Roche y Syngenta.
Sin embargo, la experiencia también decepcionó: para obtener el permiso estadounidense, era necesario enviar los detalles de los contratos a ese país, algo a lo que muy pocas empresas estuvieron dispuestas a hacer.
En conjunto, Suiza obtuvo muy poco beneficio de su cada vez más controvertido compromiso con Irán. Al menos, Irán valoró la gestión suiza de los visados: sencilla pero conforme a las normas, para los funcionarios iraníes que querían viajar a Ginebra.
Son muchos los funcionarios iraníes que reciben visados suizos para viajar a Ginebra, y probablemente este fue el mayor beneficio que Irán obtuvo de su relación especial con Suiza. «Sin duda, un gesto muy bien recibido que Suiza ofrece al país», señaló el exdiplomático Philippe Welti. Para Irán, Ginebra siempre ha sido extremadamente valiosa, un verdadero acceso al mundo, «como el oxígeno».
