LOS FUNERALES DE EL MENCHO

¿Surrealista? No, simplemente el reflejo -o resumen- perfecto de lo que es hoy México. Un país podrido hasta sus entrañas en el que manda la narcopolítica.

El funeral de “El Mencho” resultó a la vista de todos un completo y perfecto compendio de excentricidad, pero sobre todo de impunidad.

Una estampa de la narcocultura que si te detienes un momento y volteas a ver, está en todos lados; en Puebla incluso.

Las pompas fúnebres de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes superaron cualquier previsión. Y mostraron una realidad que dejó atónito a cualquier relato de ciencia ficción.

Y con un contexto de fondo de horror: a los familiares del finiquitado líder del Cártel Jalisco Nueva Generación(CJNG) sí les entregaron su cuerpo, un derecho que no tuvieron los cientos, quizá miles, de personas a las que este criminal y su banda asesinaron y desaparecieron.

Véase la reveladora, y estupenda crónica, de Nancy Escobar Cardoso, en La Aurora:

“Bajo las notas de “Nomás un puño de tierra”una carroza fúnebre de modelo reciente, camionetas de lujo, más de un centenar de coronas y arreglos florales, un amplio dispositivo de seguridad integrado por elementos del Ejército, la Guardia Nacional y la policía estatal, decenas de deudos con el rostro completamente cubierto y un féretro dorado que finalmente llegó al panteón Recinto de la Paz, en Zapopan, así transcurrieron los funerales de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”.

“En la funeraria —a la que no se podía acceder sin autorización expresa de la familia— se observó la presencia de personas con órdenes de aprehensión por delitos graves como homicidio, desaparición o secuestro, a quienes ninguna autoridad increpó ni detuvo. Entre ellas destacó Laisha Michelle Oseguera González, hija del abatido criminal, señalada por la desaparición y secuestro de dos marinos en 2021.

“Laisha Michelle es la hija menor del matrimonio entre “El Mencho” y Rosalinda González Valencia, conocida como “La Jefa”. Nació el 4 de abril de 2001 —actualmente tiene 23 años— y durante años se mantuvo en el anonimato, a diferencia de sus hermanos.

“Su nombre comenzó a circular públicamente en 2021, cuando envió una carta a una jueza federal en Estados Unidos para solicitar la reducción de la sentencia de su hermana Jessica Oseguera, “La Negra”, quien se encontraba presa por lavado de dinero. En ese documento, Laisha se presentó como estudiante universitaria y describió a su hermana como una persona trabajadora y de bien.

“De confirmarse plenamente su identidad, habría asistido al funeral de su padre sin ser requerida por la autoridad. Lo cierto es que el cortejo fúnebre contó con un aparato de seguridad del que ninguna de las víctimas atribuidas al narcotraficante gozó.

“Así, apenas una semana después de haber sido abatido por fuerzas del Ejército, el sepelio de “El Mencho” convirtió a la zona metropolitana de Guadalajara en un virtual fortín.

“De acuerdo con crónicas de medios como El OccidentalMural y Noticias de Querétaro, la tensión era palpable en la Funeraria La Paz, ubicada en la colonia San Andrés. Desde temprana hora, decenas de camionetas con elementos del Ejército Mexicano, la Guardia Nacional y la policía estatal rodearon el inmueble, mientras un helicóptero militar sobrevolaba la zona como medida adicional de seguridad.

Según los reportes periodísticos, el despliegue buscaba disuadir posibles incursiones de grupos rivales y prevenir disturbios durante el velorio del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

“Uno de los elementos más llamativos fue la llegada constante de coronas, muchas de ellas sin remitente. Medios locales contabilizaron al menos 15 arreglos sin cintillo de identificación, además de otros con mensajes genéricos de agradecimiento; dos provenían de familiares cercanos, entre ellos su hijo, “El Menchito” y su cuñado, “El Cuini”.

“Entre todos destacó una corona monumental con forma de gallo, elaborada con rosas rojas y detalles blancos, coronada con las siglas CJNG. El símbolo fue interpretado como una alusión directa al apodo del capo —“El Señor de los Gallos”— mencionado en el corrido de Los Alegres del Barranco.

“Imágenes difundidas en redes sociales y retomadas por medios como Mural mostraron la descarga incesante de arreglos, así como la presencia de hombres y mujeres vestidos de negro, con cubrebocas y lentes que tapaban casi por completo sus rostros. Algunos portaban prendas de marcas como Versace, Gucci y Louis Vuitton, en medio de un ambiente de evidente tensión en las calles aledañas.

“Las carrozas partieron rumbo al panteón, donde fueron recibidas con música de banda que interpretó El Muchacho Alegre, mientras detrás avanzaban tres grúas que transportaban los voluminosos arreglos florales.

“A las 12:02 horas, el cortejo —integrado por dos carrozas adornadas— ingresó al panteón y se colocó bajo una carpa instalada junto a la fosa donde sería sepultado el líder criminal, a quien se le atribuyen cientos de víctimas” (sic).

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La narcocultura y su hermana gemela, la narcoimpunidad.

Una realidad mexicana que retratan perfectamente, por cierto, dos libros fundamentales -y agotadísimos- de la editorial 550BC, de países bajos.

El primero: CARTELGRAM, de Pouria Khojastehpay, un artista y fotógrafo irano/holandés que se adentra en el mundo de los cárteles de la droga mexicanos a medida que se infiltran en las redes sociales, convirtiendo las plataformas en herramientas de miedo, comunicación y reclutamiento.

Pouria revela cómo los narcos, incluyendo a las buchonas (mujeres llamativas y conscientes de su estatus, a menudo vinculadas sentimentalmente con miembros del cártel), sicarios (asesinos a sueldo) y miembros de alto rango del cártel, utilizan la violencia (gráfica), la comunicación estratégica y la influencia cultural para expandir su presencia digital, socavar a las autoridades y atraer nuevos seguidores, revelando el oscuro trasfondo criminal que se esconde tras nuestras interacciones cotidianas en línea.

El segundo: SICARIO WARFARE, de Eduardo Giralt BrunEmmanuel Massú y nuevamente Pouria Khojastehpay, quienes revelan fotografías tomadas por un comandante anónimo en los campos de entrenamiento del Cártel de Sinaloa.

El contenido se extrajo de tarjetas SD adquiridas tras un intercambio en persona con el comandante, cuyo nombre no se ha revelado. Todas las fotos fueron tomadas por el mencionado comandante entre 2019 y 2021.

Brutales e imperdibles.

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Un joven italiano de intercambio, tan ingenuo como atrevido, intentó documentar los funerales de “El Mencho”.

Fue golpeado, y despojado de su cámara, por guaruras o sicarios y familiares del líder del CJNG.

Todo sucedió frente a elementos de la Guardia Nacional.

Nadie lo auxilió.

La seguridad fue para los narcos en su duelo.

De milagro no resultó muerto.

Civiles lo llevaron a un hospital cercano.

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Otra magnífica obra de 550BC, que debería ser best seller en México -pero obviamente es pedir peras al olmo de la impunidad-:

CUATRO LETRAS, de Juan José Estrada Serafín y el sensacional Pouria Khojastehpay.

Se trata del primer foto libro del CJNG.

Una mirada aterradora y poco común al interior del Cártel de Jalisco Nueva Generación.

Y en dos planos: mientras Estrada Serafín consiguió acceso al CJNG y arriesgó su vida en una serie de intentos, entregas fallidas y tensos encuentros para recuperar imágenes y artefactos del territorio del cártel, Khojastehpay reunió y organizó la presencia en redes sociales autoproducida por el cártel, creando un archivo vivo de su identidad visual.